Reparación del Daño (Odontología Restauradora)

Introducción

Hasta la década de 1940 la mayoría de los investigadores y casi la totalidad de los clínicos consideraban caries dental como un proceso de una sola vía, controlable únicamente mediante la restauración de la lesión cavitada. Este modo de pensar empezó a cambiar cuando se descubrió que los minerales del diente se encuentran en un equilibrio dinámico con los minerales de la fase líquida de la biopelícula que recubre a los dientes (Sognaaes, et al, 1941; Ericsson, 1952).

Figura 1

Muchas historias clínicas están diseñadas de tal manera que donde dice tratamiento y plan de tratamiento, el odontólogo o el estudiante de odontología anotan el listado de las restauraciones que el paciente requiere. Hay un paradigma histórico que equipara tratamiento con restauración, lo que da el mensaje erróneo de que un procedimiento tecnológico es la solución para un problema biológico. La lesión clínicamente visible (signos y síntomas) es el resultado de un proceso que se relaciona con una enfermedad crónica, compleja y multifactorial. Remplazar el tejido perdido es el último paso en el tratamiento clínico de la enfermedad el cual se debe iniciar con la inactivación del proceso, muchas veces sin necesidad de destruir tejido, como es el caso de las lesiones no cavitadas en el esmalte (figuras 1, 2, 3 y 4).

Hoy se sugiere como paradigma “mirar (diagnosticar), esperar (evaluar) e intervenir (restaurar)”, este es un enfoque orientado a inactivar la lesión, y a que su progreso sea lento; desafortunadamente en algunos pacientes, los de mayor riesgo, la velocidad destructiva de la enfermedad es de tal magnitud que se hace necesario restaurar de inmediato, bien sea inactivando las lesiones activas en esmalte y en dentina o restaurándolas, así se le evita al paciente dolor, infecciones pulpares, pérdida de dientes e incapacidad laboral, intervenciones que representan otros niveles de prevención, por ejemplo la limitación del daño (Leavell et al, 1965).

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  • Figura 1
  • Figura 2
  • Figura 2
  • Figura 3
  • Figura 4
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Hoy se sugiere como paradigma “mirar (diagnosticar), esperar (evaluar) e intervenir (restaurar)”, este es un enfoque orientado a inactivar la lesión, y a que su progreso sea lento; desafortunadamente en algunos pacientes, los de mayor riesgo, la velocidad destructiva de la enfermedad es de tal magnitud que se hace necesario restaurar de inmediato, bien sea inactivando las lesiones activas en esmalte y en dentina o restaurándolas, así se le evita al paciente dolor, infecciones pulpares, pérdida de dientes e incapacidad laboral, intervenciones que representan otros niveles de prevención, por ejemplo la limitación del daño (Leavell et al, 1965).

Figura 1

El concepto de inactivar las manchas blancas del esmalte es muy antiguo, durante la 36ª reunión de la Sección de Estomatología de la Asociación Médica Americana se leyó un trabajo que en alguno de sus apartes decía: “el ablandamiento del esmalte se ha considerado como necesariamente asociado con asperezas de la superficie, pérdida de brillo y disolución de la sustancia cementosa que une los prismas del esmalte, y cuando ocurre descalcificación está asociada con pudrición de la dentina, esta concepción del reblandecimiento del esmalte es exacta. Pero esta concepción parece ser parte de la historia del pasado, que para decirlo de alguna manera, representa la etapa final del proceso o sea completa de degeneración del esmalte”